Educando desde el amor


La terapeuta familiar Virginia Satir, quien ilustro con lujo de detalles y de manera aterradora el tipo de locura con que tantos de nosotros crecemos. Imagínese, dijo ella una escena con un niño y sus madre, el niño le pregunta: “¿Que te pasa mama? estas triste”. La madre le responde con voz tensa, reprimida: “No me pasa nada, estoy bien”. El padre acota furioso: “¡No molestes a tu madre!”. EL niño pasea su mirada entre la madre y el padre perplejo e incapaz de responder al reproche. Comienza a lloriquear. Entonces la madre le grita al padre: “¡Mira lo que has conseguido. Analicemos esta escena con detalle. EL niño percibe sin equivocarse que algo perturba a su madre y reacciona adecuadamente y la madre interviene invalidando la percepción (Correcta) que el niño tiene de la realidad. Quizá lo haga con el deseo de ” protegerlo”, quizá porque ni ella misma sabe cómo afrontar su infelicidad. (El respeto hacia uno mismo, autor: Nathaniel branden, cap. 3 la autoestima y las relaciones padres-hijos)

Leía esto, cuando me distrae los gritos de una mujer a su hijo pequeño de 2 ó 3 años, que a subido al parque infantil, puesto que yo estaba leyendo en un parque, la madre sigue gritando enfadada y el niño reusa bajar, se nota que le pegaría un guantazo si pudiera, pero por suerte el niño esta demasiado lejos, la madre furiosa se aleja en un mal juego previsible. El niño, que al verse abandonado, pone cara de susto, después a miedo y empieza a llorar desesperamente mientras busca como bajar, al minuto la madre recoge al niño y se va. Esta claro que nadie enseño a esa madre a como amar y por tanto educar a su hijo.

Educando desde el miedo, eran otros tiempos, los que peinen canas, y a mi me quedara poco para ello, sabrán de lo que hablo, no recuerdo su nombre pero si que me soltó tres bofetadas, era mi profesora de E.G.B. y tendría 9 años, como estaba el patio, y solo era mi profesora. Hace falta coraje valor y mucha sabiduría para admitir que lo que escribió Oscar Wilde es mas que una frase celebre: Los niños comienzan por amar a sus padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan .

Educando desde chantaje emocional: “Nacemos sin libro de instrucciones” todo hay que aprenderlo, el niño del parque en su inocencia, solo satisfacía su necesidad de jugar, no entendía otra cosa, su capacidad cognitiva en desarrollo solo entiende un lenguaje, el del amor y su perdida. Ese aprendizaje dará como resultado un adulto que habrá aprendido que para recibir el amor hay que renunciar a Sí-mismo, en cuanto no haga lo que se le exige, le castigaran sin amor, tendera a suprimir sus necesidades para satisfacer la necesidades de persona amada, con la sensación de no ser nadie si no recibe el amor, con la sensación de morirse si no recibe amor, con la sensación de ser como un niño que llora desesperado.

Educando desde el amor: el niño cuando recibe amor, su sistema cognitivo-emocional, que aprende a una velocidad que no volverá a repetirse en la vida, aprende el sentido de Sí-mismo, una total aceptación de su dignidad pensamiento y sentimiento, a ser “visible” psicologicamente por sus padres, aprende a saberse merecedor del amor, el respeto a uno mismo, que la disciplina va dirigida a su comportamiento y no a su persona, y sobre todo aprende a amar a los demás.

Por suerte el ambiente condiciona, pero no determina, en psicología positiva se aprende “Nacimos ayer” educarse a si mismo, requiere consciencia, amor y constancia, porque hay que desaprender lo que nunca se debió aprender, la recompensa es grande, es poder abrazar con amor al niño que todos llevamos dentro, dar amor al “Pequeño Daniel” que hay dentro de mi, para aprender a dar amor autentico y no otra cosa.

Todo fue este lunes, ayer estuve en mismo parque, porque no fue una metáfora, había dos niños de 4 y 2 años, hermanos seguramente, jugando riendo peleándose y volviendo a jugar, los padres sentados tranquilamente intervenían sin necesidad de levantarse el comportamiento peleas. “El mundo es como lo percibimos” y ademas es como una moneda, me gusta mirar la cara la positiva darle la vuelta y ver otra cara positiva.